Calibán había estado reptando por los conductos de
ventilación. Siempre hacia arriba, siempre hacia arriba. Con mente de estratega, ganada después de años de escribir aventuras y leer sobre batallas históricas, supo que los malos siempre iban hacia cualquier lugar donde hubiera residido el poder; un antiguo palacio, una fortaleza... ¿Y dónde había residido el poder el tiempo que la residencia
había estado abierta? En el despacho del director, sin duda. Afortunadamente,
de niño había sido obligado repetidas veces a limpiar y despejar aquellos
conductos, así que miedos como la claustrofobia o el vértigo no atenazaban sus
entrañas. Como mucho, sentía pavo por la posibilidad de ser oído por alguien abajo, o ser
sorprendido por alguna bestia. Pero… en realidad, no sentía tanto miedo como
cabría esperar.
Claro, sentiría miedo si fuera el Calibán de siempre, reptando
por una casa llena de criminales. Pero ahora no era Calibán, era…. era Venom.
Sólo pensarlo le hacía sentir la piel de gallina. Venom… ¿se atrevería a usar
sus nuevos poderes? ¿Lo haría? ¿Y qué pasaría si el simbionte le poseía del
todo, le invadía el cerebro? Que Mark te matará… susurró una voz maligna en su
cabeza. Calibán hizo un movimiento brusco con ésta. Y bien merecido que me lo
tendría.
Continuó reptando, arrastrando con él toda la inmundicia que
se había estado acumulando. Sentía el cabello lleno de telarañas y bichos, y
sus brazos y ropa se habían cubierto de polvo.
Hubo un par de momentos en los que se sintió desorientado y
perdido, y tuvo que mirar a través de varias rejillas que daban a las
habitaciones para intentar recordar el camino hacia el despacho. Revisaba el
reloj constantemente, ya había pasado media hora y todavía no había encontrado
a nadie. Quizá se estaba equivocando, quizá no llegaría a tiempo. Se consoló
pensando que el camino de vuelta sería el doble de rápido que el de ida, pues
siempre era más fácil bajar que subir.
Finalmente lo encontró. Escuchó unas voces que venían de una
rejilla frente a él, y avanzó, esta vez muy lentamente, hacia ella. Escuchando.
Eran tres voces. Bueno, dos voces y un rugido. Se aproximó lo suficiente para
verse iluminado por la luz que emanaba del interior de la habitación, pero no
se atrevió a echar una ojeada dentro. Se conformó con escuchar.
-¿Es esta la chica? –Preguntó una voz femenina.
-No –respondió el rugido de nuevo- ¡Espera!
-¿Era esa? –La mujer parecía estar hartándose.
-No, pero ese era el tipo que me disparó.
-¿Este? –La mujer pareció dirigirse a otra persona- Tú,
¿cómo se llama?
Un gemido sucedió a aquella petición. Algo en aquel gemido
hizo que Calibán sintiese un tirón en las tripas. Apretando los labios, se
asomó por la rejilla. Entre pequeñas barras de metal pudo ver una habitación
prácticamente en estado de abandono, como él la recordaba. Muchos muebles
habían sido tapados por sábanas, y los pocos cuadros que habían dejado allí, se
apoyaban contra la pared. Una mesa sencilla era lo único que no se encontraba
tapado, y tras ella, había sentada una persona que salía de su radio de visión.
Sin embargo, bajo él pudo reconocer perfectamente la piel
azulada de Mística, con su vestido blanco ceñido, y un tipo gigante que supo de
inmediato que se trataba de Dientes de Sable. Contuvo el aliento. Era mucho más
impresionante en persona.
A sus pies había una persona arrodillada, con las manos
atadas a la espalda y la cabeza inclinada hacia adelante. No tuvo que
escucharle gemir otra vez para reconocer a Ethan. Un sonido sofocado salió de
su boca. Ethan, habían cogido a Ethan. ¿Y Mark? ¿Qué diantre había pasado? Se
llevó una mano a la perilla, nervioso. Dios, ¿qué podía hacer? Le partirían por
la mitad si irrumpía en la habitación.
-Te dije que no le pegaras tan fuerte –comentó Mística,
tanteando con la punta de la bota el brazo de Ethan.
Éste se apartó bruscamente, tratando
de salvar la dignidad.
-Los hombres de este universo son muy blandos –se defendió
el enorme mutante.
-Basta –atajó una voz que venía del escritorio. Era
profunda, y parecía venir de algún sitio detrás de una máscara- ¿de verdad esa
gente es tan peligrosa?
-Me reconoció. La chica me reconoció –respondió Dientes de
Sable. ¿Se referiría a Jay?- Y el tipo se atrevió a dispararme.
-Y este también –añadió Mística, señalando a Ethan- nos
conocen a todos. Ya viste aquella historieta que trajo El Hombre de Arena. Conocen
nuestros poderes y nos temen, pero también conocen nuestras debilidades. Si
todo esto llegara a saberse…
-¿Qué sabes de los chicos que ha reclutado Cráneo Rojo?
–Preguntó de nuevo aquella voz profunda.
-No lo sé, debían venir en un par de horas. Iba a mandarles
a destrozar la tienda de cómics.
-Bien. –La silla se movió detrás del escritorio, y Calibán
estuvo tentado de cambiar de posición para poder ver mejor de quién se trataba,
pero se contuvo.-Entonces continuad con el interrogatorio.
Mística cogió por el pelo a Ethan y le echó la cabeza hacia
atrás. Calibán pudo ver cómo su amigo
tenía un ojo hinchado y le salía un hilillo de sangre y baba de la boca. Apretó
los dientes.
-¿Cómo se llama este tipo? –Repitió la mujer, con lo que
parecía el Iphone de Ethan en la mano.
Ethan no respondió, pero aquello provocó que se llevara un
puñetazo que le tiró al suelo. El chico escupió lo que parecían ser trocitos de
dientes, antes de que Dientes de Sable le incorporara de nuevo y alzara un
brazo para volver a golpearle.
-Espera, parece que quiere hablar –le detuvo Mística.
-Mark –masculló Ethan- se llama Mark.
-Mark –repitió ella, trasteando ahora con el Iphone.
Con dedos ágiles, abrió la lista de contactos y buscó aquel
nombre. Cuando lo encontró, se llevó el móvil a la oreja. Al cabo de unos
segundos, lo separó.
-Tiene el móvil apagado. No me digas que ha venido contigo.
-Busca a la chica –le apremió Dientes de Sable- tengo una
cosa pendiente con ella.
-Todo a su tiempo. Ese chico, Mark, es más peligroso. Pudo
tumbarte de tres disparos –respondió Mística, mientras abría de nuevo la
galería de fotos en el móvil.
-Pero rescató a la chica. Quizá si la conseguimos a ella, él
vendrá también –respondió la voz profunda del otro lado del escritorio.
El corazón de Calibán bombeaba con fuerza. Tanto Mark como
Hoydt y él tenían los móviles apagados, no había peligro de que los localizaran
así, pero Jay no. Jamie estaría atenta al móvil, esperando cualquier noticia.
Si Mística se hacía pasar por Ethan y le pedía que acudiera… esperaba que la
chica no fuera tan tonta como para hacerle caso. Pero quién sabía.
-¡Esa es! –Exclamó Dientes de Sable, casi eufórico. Si uno
puede considerar eufórico a un león devorando a una gacela. Esa misma clase de
euforia sangrienta y asesina.
-¿Cómo se llama? –Mística repitió el mismo procedimiento que
antes.
Ethan tosió un par de veces, y su boca se contrajo en una
fina línea de dolor. Ella le cogió de nuevo del pelo y le levantó la barbilla.
-Habla. ¿Cómo se llama?
-Jamie… -respondió él, tras pensar unos segundos.
Calibán cerró los ojos. Joder, se lo había dicho. No podía
enfadarse con él, le habían dado una buena tunda y cualquiera habría hablado en
aquella situación. Pero aun así. Rogó porque Jay no estuviese prestando atención al móvil, que se hubiese quedado dormida cuidando de Jason o... cualquier cosa. Mística sonrió, y Dientes de Sable
continuaba eufórico. La mujer buscó el nombre en la libreta de direcciones y
finalmente llamó. Calibán e Ethan contuvieron el aliento, hasta que sonó el
primer pitido que indicaba que el móvil de la chica estaba operativo.
Sólo tuvieron que esperar tres tonos hasta que alguien
contestó al otro lado.